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Una ONG acompaña a los chicos durante el duelo

Por Micaela Urdinez, para Diario La Nación.

La Fundación Grupo Aikén les brinda asistencia ante la muerte de un ser querido y también dicta talleres escolares para los docentes.


“Todo pasa”, dice Daniel Leguizamón, de 15 años, que hace tres perdió a su madre y tuvo que enfrentar un profundo proceso de duelo. Como él, tantos otros niños y adolescentes de entre 3 y 17 años tienen que atravesar muertes de familiares y muchas veces no cuentan con el acompañamiento ni con las herramientas necesarias para hacerlo.

Justamente para cubrir esta carencia, en marzo de 2008 nació la Fundación Grupo Aikén, con el objetivo de proporcionar herramientas para resignificar el dolor y comprender la vivencia de las adversidades como desafíos para el crecimiento individual y familiar.

“Siempre me interesó el tema de la muerte. Mi papá se murió cuando yo tenía 6 años; después, un padrastro que quería mucho en mi adolescencia, y sentí que hubiera estado bueno tener este tipo de acompañamiento en esos momentos”, explica la fundadora de la entidad, la psicóloga Aldana Di Costanzo. Con un grupo de 25 voluntarios, cree que es posible construir puentes entre el dolor y el futuro para resignificar la vida.

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Por eso, se eligió el nombre indígena Aikén, que significa vida o vivir. “Nuestra misión es acompañar a estos chicos y adolescentes a darle un nuevo sentido a la vida, luego de una pérdida tan importante”, agrega Di Costanzo.

Daniel, que vive en Avellaneda con sus tíos y un hermano mayor, hace un año y medio que llegó a Aikén. A su tía la llamó la atención el nombre de la entidad en las redes sociales y cuando vio a qué se dedicaba no dudó en mandar un mail para buscar ayuda. “Estaba enojado con la muerte de mi mamá y me peleaba con todos. Descargaba haciendo deporte. No lo hablaba con nadie. Pero con Mayra, mi psicóloga, fuimos armando el diario del duelo. Ahora, estoy más tranquilo. Tengo fotos de mi mamá en mi cuarto y sembré calas, que a ella le gustaban. Me ayudó mucho con el cambio de escuela y de casa”, cuenta Daniel, que se anotó en la Escuela Técnica Cristóbal Hicken.

Hoy, se atiende cada 15 días con Mayra. Le va mejor en el colegio, hace teatro y asiste al grupo Acción Católica los sábados. “En la escuela de provincia tenía siete materias y, ahora, el doble. Me encantan la jardinería, las huertas, y me gustaría poder dedicarme a eso. Ahora arranqué con una huerta en la casa de la madrina de mi hermano”, dice este joven, que también sueña con formar una familia.

En agosto de 2008 llegó la primera familia con un chico en duelo. Y, de boca en boca se fueron acercando otros casos. “Hicimos todo a pulmón. Empezamos a comentarles lo que hacíamos a nuestros conocidos y armamos redes de trabajo con profesionales de la salud, los hospitales, las escuelas, las ONG y a través de las redes sociales”, dice Di Costanzo. Aclara que son la única ONG del país especializada en chicos y adolescentes en duelo. “Las familias proponen cuánto pueden pagar con la idea de que cualquier familia que esté atravesando este dolor pueda recibir la ayuda que necesita.”

Ya acompañaron a más de 60 chicos con 14 psicólogos voluntarios. Quieren expandirse al resto del país, pero necesitan de la solidaridad de otros profesionales. Hoy, sólo están en la ciudad de Buenos Aires y en Moreno, provincia de Buenos Aires.

La ONG también dicta talleres para instituciones, en especial colegios, para capacitar a los docentes sobre el duelo y la muerte. “Muchos nos llaman para consultarnos sobre cómo decirles a los chicos que falleció uno de sus padres”, agrega.

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